23 de marzo de 2016

Bloqueando los Impulsos

A veces quisiera poder apagar el corazón y dejar solo la cabeza funcionando. Pero es un imposible para alguien como ella, que toda su vida había sido manejada por impulso. Esta vez sí que le estaba trayendo problemas.

Mensaje tras mensaje él la provocaba; la sacaba de sus mejores momentos; la hacía sentir un poco miserable; un poco no merecida; bastante mal.

A veces su cabeza le preguntaba al corazón: ¿no será que eso que sientes es puro deseo? Pero insistía en que era más que eso. Más fuerte, más constante. Al final, el deseo se puede satisfacer con cualquiera.

Ella intentaba por todos los medios olvidarlo. Salir con otros, encerrarse en su casa, leer libros de superación de tusas, emborracharse, ir a misa, repetirse todos los días: 'solo somos amigos'... Claro que lo que menos funcionaban eran los discursos de la humanidad circundante: 'no te conviene'; 'es un inestable'; 'no te quiere, solo te usa'... Pero a ella eso qué le importaba, si lo sabía desde siempre y aún así estaba metida hasta el cuello en esa historia. Solo no intentó dejar de hablar con él. Esa cobardía que no nos deja soltar lo que nos lastima por temor a perderlo.

Entonces, ahí estaba ella, con su teléfono en la mano, siempre lista a recibir esos mensajes calurosos y hasta cariñosos, que terminarían en una revolcada monumental que, al final, la haría sentir miserable. Sencillamente porque ella lo quería todo, y él no estaba dispuesto a ofrecerle nada.

Los días transcurrían igual: ella naufragaba entre la ansiedad por saber algo de él y él aparecía cuando se le daba la gana. En el juego gana el que tenga la ventaja.

Comenzó a salir con un nuevo alguien. Otro de los tantos que terminaban sacrificados en la mitad de estas andanzas que no conducen a nada. Solo que este, no se iba a dejar. Seguro era por impulso, y todos sus impulsos lo llevaban hacia ella.

La ventaja es que le inspiraba confianza. Podía contarle todo. Y así lo hizo, pensando en el dicho de su abuela 'el que advierte no es traidor'. Y aún así, él decidió quedarse.

- Es que no estoy lista para una relación.
- Nunca nadie está listo. Es cuestión de tiempo y de no pensarlo. Cuando menos lo esperas, lo estarás.
- Pero no entiendo por qué quieres insistir con alguien que vive pensando en otro.
- Estoy seguro que desde hace 1 mes, piensas menos en él.

Siempre la dejaba desarmada. Ella quería salir corriendo para volver a los brazos y a los besos ingratos de Javier. Pero sus palabras la detenían. Y así, como pagando una pena placentera en la que no se cuentan los días, fue pasando el tiempo hasta que Javier dejó de escribir mensajes teñidos de ganas y de mentiras. Ella no se dio cuenta. Simplemente logró empaquetarlo en el cajón de los viejos recuerdos a olvidar. Comenzó a gozar sin restricciones cada minuto con Santiago. Era simple, transparente, amoroso. No sentía una pasión desenfrenada, pero eso era mejor, balance entre cabeza y corazón, que andar dando botes de acuerdo a los impulsos.

Pero el destino es cochino y pone zancadillas cuando menos las esperamos a ver si algo aprendimos. Javier apareció. No por teléfono, no por mail, no con flores ni regalos... En persona, de frente, en la calle. Lo vio acercarse y es como si todo lo sucedido en su vida los últimos 6 meses no hubiera ocurrido. Se derritió en sus brazos. Todo su ser le pertenecía.

- Pensé que me habías olvidado, le susurró al oído.
- Yo también, respondió entre labios.

Antes de pensarlo, era su casa y ambos nadando entre besos y entre promesas que no sabía si iban a resultar ciertas, pero que igual quería creerlas.

Horas -que parecieron minutos- más tarde Paula salió del letargo en el que se encontraba y lo primero que quiso decir que: '¿Y ahora?'

Las dos palabras retumbaron en el pecho de Javier. 'Ahora podemos quedarnos juntos'.

La mente de Paula comenzó a jugar del lado del corazón. 'Y entonces lo único que se necesitaba era que me extrañara'; 'entonces sí me quiere'; 'sí quiere estar conmigo'. Durmió con esos pensamientos.

Salió de allí directo a su casa. Armando el discurso perfecto en su cabeza para decirle a Santiago que lo siente pero que no más. Se arregló sin prisa, lo citó para la cena y le dejó a él que escogiera el lugar, así por lo menos el golpe sería menos duro, pensaba.

Prefirió que no la recogiera. Así evitaría en el carro los temas espinosos o preguntas como por qué había desaparecido la noche anterior y todas esas cosas. Al llegar sus nervios la dominaban. ¿Estaba decidida a clausurar a Santiago por una noche de 'amor' con Javier? Dudas, dudas.

Llegó al sitio indicado, un lugar al que nunca antes había ido. Vio a Santiago sentado solo iluminado con la luz de una vela, y sintió una gran paz. Algo maravilloso. Solo hasta ese momento supo cómo se siente el amor verdadero y pudo responderle a la cabeza. Sí era deseo.

A la mitad de la cena, un mensaje de Javier, sudor en las manos, temblor en la rodilla. Comenzaba a detestar esa capacidad para desestabilizarla. En lo que miró el celular y regresó la vista a la mesa, Santiago tenía entre sus dedos un anillo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Automáticamente su cabeza asintió. Sonreía con el corazón.

Esa misma noche casi en la madrugada con mucha cautela texteó: 'De verdad hubiéramos podido ser felices, en serio lo creo. Pero hoy no es ayer y ya no lo deseo', gracias por enseñarme que el verdadero amor es todo menos algo que se relacione contigo. Adiós.'