12 de mayo de 2016

Sean conscientes

Muchas veces nos preguntamos: ¿he sido feliz? Y me gustaría que todos pudieran responder que si. Sin dudas y sin peros. 

Yo lo he sido. Eso no me hace ni mejor ni peor persona. Solamente siento que así es. Tengo 35 y mirando para atrás agradezco haber podido hacer literalmente todo lo que se me ha dado la gana. 

Por ejemplo, nací en Barranquilla, debía llegar virgen al matrimonio, casarme por la iglesia y tener hijos antes de los 30. Obvio la familia debería estar conformada con un costeño. Pero no. Nada de eso pasó. 

Mi adolescencia en Barranquilla no me gustó mucho. Fui feliz, eso sí, pero el bulliying, y la forma de verme a mí misma a través de los ojos de otros, no me ayudaba en aquello que llamamos autoestima. Pero de eso también aprendí, y seguramente todo aquello negativo que los otros dijeron de mí, me sirvió después para ser mejor: mejor estudiante, mejor persona. Mejor profesional. 

Entonces me fui. Me vine a Bogotá a reinventarme y funcionó. Adiós a los traumas y las inseguridades. Por eso seguro tengo cero amigos de mi época de Barranquilla, porque a veces la única forma de poder ser nosotros mismos es  romper con todo aquello del pasado que nos hizo daño.

A mis 20 hice sin duda todo lo que quise: salí con todos los tipos que me gustaban, rompí corazones, me rompieron el alma y me repuse, muchas veces. Trabajé donde quise, y mucho -casi que entregando mi vida a los proyectos y a los jefes-, viajé poco, ahorré mucho, bailé, bebí mucho trago, probé algunas drogas. También terminé el pregrado, la especialización y la maestría, hice a mis amigos del alma, conseguí novio-esposo, el amor de mi vida... Por internet claro, cuando no era moda buscar pareja por redes sociales. Es rolo.... No costeño, obvio.

A los 30 me fui a vivir con él, compramos una casa con una deuda y viajamos a todos los destinos soñados. Rumbeo poco, casi nunca tomo trago, medito y comprendí que el trabajo no es la vida, solo un medio. Hago ejercicio, como verduras -algunas- y escucho a mi cuerpo para tener una vida saludable. Me reconcilié conmigo misma, con mi familia y con mi pasado. Tengo menos amigos que antes, pero no me importa, entendí que la cantidad es menos importante que la calidad.

Toda esta reflexión porque hace poco leí una frase que decía algo así como "cásate a los 20 para que puedas ser feliz a los 30". Claramente lo posteó alguien que se casó a los 20 y su relación no duró nada y claramente fue absolutamente infeliz en su matrimonio. Pobre. Seguramente las frases como esas la ayudan a sentirse menos mal por su fracaso matrimonial.

¿Por qué perder una década para ser feliz la siguiente?

La reflexión sobre la felicidad de cada uno depende de cómo nos ha ido en el baile de la vida. Les hice un recorrido por mis décadas, sencillamente para demostrarle que uno siempre debería ser feliz. Para decirles que hagan lo que se les de la gana. 

Si lo de ustedes es ser solteros y vivir bebiendo, adelante. Si lo que quieren es un novio que las quiera, y armar su matrimonio de sueño, adelante. Si quieren viajar, leer, escribir, dormir, culiar, beber, tener perros o gatos... Háganlo. 

Pero sean conscientes, háganlo entendiendo cada paso y cada aprendizaje. Pero sobre todo sean felices con cada cosa, con cada acción. Todo para que cuando miren su pasado, no tengan que escribir que fueron infelices con las desiciones que tomaron. No hay nada correcto, o nada mejor. Lo bueno es lo que te haga feliz. Punto. 

En definitiva cada paso de la vida nos trae una lección. Y eso es lo más valioso. Solo si somos conscientes de por qué hacemos lo que hacemos, y buscamos siempre la felicidad en nuestros actos, podremos mirar hacia atrás y nunca renegar del pasado. 

2 comentarios:

  1. Mi Naty linda vas en el "camino del Mago" y asi vas por el camino correcto, no hay que precipitar nada, todo va llegando pero claro siempre haciendo lo que tienes que hacer y sobre todo saber que tienes una divinidad dentro de tì y tu trabajo en e esta vida es encontr
    arla y armonizar con ella....Te amo

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