3 de agosto de 2016

Ya ganó

El motivo de la llamada era muy simple: poner en cintura a su novia. Claramente era muy bajo marcarle a ella y decirle "por favor madura y deja de andar inventando cuentos de mí y vetando a mis amigos de tus eventos empresariales. Déjame en paz. Ten una vida". Así que optó por la opción menos denigrante, pero más dolorosa. 

- Hola Felipe.
- Hola Catalina.
- ¿Cómo estás?
- Yo bien. Aquí saliendo del turno.

Se le espichó el corazón. En otra época sería ella la que lo esperara en la puerta del Noticiero para ir a cenar juntos, a cine o simplemente a la casa de alguno.  Pero no. Seguramente estaría ella, Catalina T. (porque claro, tenía que escoger a la que no sólo era su amiga, sino a la que tenía su mismo nombre y las mismas iniciales del apellido) esperándolo, reclamando lo que por derecho era de ella.

- Ah si claro, es que es tarde. 
- ¿Qué necesitas?
- Es algo muy simple. Pensé mucho antes de llamarte pero es que esta situación ya es insostenible...

Catalina y Catalina T. se volvieron mejores amigas por cuestiones laborales. Se comenzaron a cruzar por los pasillos del edificio oficial donde trabajaron y a fuerza de encuentros diarios terminaron almorzando, yendo de rumba, y confiándose sus secretos. A Felipe también lo había conocido por el trabajo. Eran periodistas ambos y de rueda de prensa en rueda de prensa comenzaron los coqueteos, los besos y las caricias. 


Catalina no sabe si fueron novios. Pero durante un año salieron, tiraron, tuvieron algo. Pero él nunca quiso ponerle nombre. Entonces eran, pero no eran. Se encontraron siempre en ese limbo entre lo real y lo irreal. Es ese estado en el que las mujeres suelen enloquecer pensando si cada acción del tipo implica amor, o no.

Pero ella se cansó. Se cansó de esperar más de lo que recibía. Se cansó de pensar que no era suficiente, se cansó de querer más. Y Catalina T., que eran en ese momento su mejor amiga, le echó carbón a la rabia. La frase menos ofensiva era que Felipe no la merecía. Y pues, en teoría, eso es lo que hacen las amigas, dar buenos consejos y cuidar la una de la otra.

- Es que necesito que hables con Catalina. Estoy cansada de los chismes, estoy cansada de los corrillos. Que lo supere en serio.
- Pero es que no entiendo... ¿De qué me hablas?
- Es muy simple, tu novia, tiene un delirio de quien sabe qué, o no confía en ti, pero es que no tiene sentido que cada vez que tu y yo nos cruzamos o que hablemos para algo de trabajo, me llegue un cuento, una amenaza o cosas peores.
- Eso no puede ser posible.
- Ay tu sabes que ella tiene sus problemas, pero no me corresponde a mi resaltarlos.
- Pero es que no me suena nada de lo que me dices.
- Claro que no te suena, porque claramente a ti no te ha dicho nada. ¿O sí?
- Bueno, la verdad me ha reclamado por hablar contigo...
- Pero ¿Cómo carajos no vamos a hablar, si tu eres periodista y yo la fuente? Esa niña como que se golpeó de chiquita en serio.
- Bueno, no seas así.

Catalina terminó con Felipe porque había comenzado a salir con alguien más, que si la quería de novia y le daba el lugar que ella deseaba. Pero en el fondo tenía la frustración de no haber conseguido eso con Felipe... Ni siquiera había dado el debate. "Para qué? Si él no lo ha planteado es porque no quiere," le decía a sus amigas Por más doloroso que fuera, pues era la verdad.

Pasaron un par de meses y la nueva relación de Catalina no había funcionado, Felipe la había comenzado a evitar y Catalina T. no le hablaba. De él no le parecía raro, al fin y al cabo es hombre, y pues con Catalina T. las cosas se habían puesto extrañas cuando se dio cuenta de que la mitad de hitos narrados dentro de la historia de su vida eran mentira. Es que es mitómana, reflexionó un día. Entonces la confrontó y todo se quebró. Vivir entre mentiras era un tema que a ella no le gustaba, más aún si la persona fingía tener más o ser de "mejor familia" de lo que era. Culísimo le pareció.

- Ok lo siento. Pero entiéndeme, que esto es cero profesional y tu sabes cómo soy yo con estas cosas. ¿Vas a hablar con ella? 

Luego del distanciamiento, la traición. Su teléfono sonó muy temprano ese domingo.

- ¿Tú por qué no viniste ayer a la fiesta?
- Porque me comí una pizza que me cayó al culo y no pude.. Intoxicada.
- No, no no... Te perdiste de la entrada triunfal de la Catalina T.
- Bueno pero eso no tiene nada novedoso, siempre le encanta llamar la atención. ¿Qué hizo ahora?
- Entró de la mano, hecha la muy novia con Felipe. Y así la presentó.

Un balde de agua fría la sacó de la cama. 

- Te moriste, ¿Cata?
- No, no. Aquí estoy. Menos mal no fui entonces. Me hubiera muerto.
- Ay. Tu deberías superar a ese man, en serio. Tu le diste toda la comodidad. Se la hubieras puesto un poco más difícil, seguro no estaríamos teniendo esta conversación.
- Si yo sé. Pero tu sabes, ese cuento fue así, y me quedó faltando un pedazo.
- Lo sé. Pero bueno, ya con esto salgo de todas las dudas.
- ¿De qué? 
- De lo perra de la Catalina T. y de lo estúpido de Felipe.

Las mujeres siempre se llenan de insultos cuando pierden.

En ese momento no supo qué le dolía más: que ella, que había sido su amiga no hubiera sido honesta; o que él la cambiara por ella. Entonces concluyó que la ruptura entre las dos no se dio por el tema de las mentiras, sino porque andaba metiéndose con Felipe; y seguro cada consejo para que lo dejara no fue honesto, sino buscando quedarse con él. Arpía. De él no esperaba nada, era un tipo. Ella era su amiga. Puñalada.

- Pero es que no sé qué quieres que le diga Cata.
- Pues pararla. Que madure, que lo supere. Está bien, yo fui primero que ella; pero ella ganó el juego. ¿O no se quedó contigo?
- Sí... pero...
- Entonces dile que me deje en paz. Que no arme cuentos, que no nos espíe cuando trabajamos y peor aún, que no excluya a mis amigos en los medios de sus eventos.
- Ella no hace eso.
- ¿Seguro?

Entonces comenzó la persecución, y los chismes eran plan de cada día, y llegaban todos los comentarios malos, de esos que plantan las nuevas novias cuando quieren dejar en ridículo a las 'ex'. "Tanto que saliste con él, para que nombrar novia a la otra..." Pero ella aprendió a hacer caso omiso de eso. Digamos que hacía de tripas corazón para no romper en llanto y sobrevivir a la jornada. Y siguió adelante.

Y no vamos a negar que Catalina pensaba en algunas ocasiones en que ellos terminaran, que les fuera bien mal. Tampoco vamos a negar que Felipe y ella se coqueteaban cuando se veían. Había tensión siempre entre ellos. Es que sobre todo el sexo era demasiado bueno, y pelear contra ese tipo de atracción es algo complejo.

- Bueno, ella tiene sus momentos.
- ¿Sus momentos? Creo que es más que eso. O hablas con ella o me va a tocar tomar medidas, porque tanta humillación ya no es tolerable.
- Pero cálmate.
- Cálmate nada. No entiendo por qué soy tan importante para ella. 

Catalina no entendía por qué la perseguía con cuentos y rumores; por qué intentaba desprestigiarla con todo el mundo. Es que este mundo de la política es muy chiquito y cualquier cosa hace mucho daño.

- Es que debe sentirse insegura.
- ¿De qué? ¿De mi? Si yo soy una hueva que no te pude confrontar, que no te pude decir que me enamoré, que no fui capaz de decirte que fuéramos novios y tuviéramos una relación. Y ella sabe todo eso. Ahora que no venga a decir que estoy haciendo algo para que vuelvas a estar conmigo. 
- ¿Qué es todo eso que dices?
- Así como lo oyes. 

Rompió en llanto.

- Yo solo quiero no volver a saber de ustedes. No quiero que nadie me vuelva a decir nada. No quiero que tengan nada que ver conmigo. Ya suficiente tengo con verlos cuando la recoges, cuando almuerzan, en redes sociales... Suficiente tengo con verte y que no estés conmigo.
- Pero yo no entiendo todo este drama. Si tú terminaste lo nuestro.
- Pues porque tu nunca propusiste nada más que sexo y pasarla en la casa... y si acaso cine.
- ¿Acaso tu querías más?
- Soy mujer, !Dios Santo! Claro que quería más.

Para ella Felipe fue su gran amor frustrado. Era evidente que algún día reventaría. Para Felipe ese momento era algo extraño como traído de un cuento que a él no le tocó vivir.

- Lo siento...
- Tranquilo, que ese es mi problema. Porque al final de la historia ella organizó todo para quedarse contigo. Para ganar. Al fin y al cabo ella se dejó de tomar las pastillas para quedar embarazada, aunque tu no querías. Al final, yo soy solo una "ex" y ella es tu novia oficial a la que hiciste abortar. Dile que se quede tranquila, que no solo te tiene a ti, sino que también tiene a tu conciencia.

Y al día siguiente se enteró que Catalina T. había renunciado. Que Felipe había pedido cambio de fuente para no verla. Y así fue como se dio cuenta que en una frase se puede pasar de víctima a bruja.


2 comentarios:

  1. Jajajajajjajaja Ojalá la bruja tuviera una aspiradora voladora. Parafraseando el título de un libro: «amor y otros demonios... ay mujeres, pobres hombres»

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    1. Aunque también podría ser: «Catalina, antes de catalina, después de ti»

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