13 de octubre de 2016

Y entonces me caso...

Algunos de los que me conocen, e incluso algunos de los que me leen en este espacio, pensaban que esto nunca pasaría. Pero como ven, hoy puedo decir que me caso, que estoy comprometida y que me dieron un anillo de diamantes. Cami logró el milagro... Me caso y como nunca pensé, estoy demasiado emocionada (y espero que él también, porque comienza la intensidad de ser novia).

En septiembre de este año, Cami y yo cumplimos siete años de haber comenzado a salir... Y después de siete años de relación decidimos dar el paso de sellar el compromiso, y casarnos. Gracias Amor por ser valiente y pedirme que pase el resto de tu vida contigo.

Yo no tenía la menor idea de que me iba a pedir matrimonio. Sencillamente porque durante parte de este año nuestros esfuerzos estuvieron centrados en organizar nuestro viaje a Europa, cuyo motivo principal era el matrimonio de mi hermanita Daniela en Alemania, lo que derivó en un viaje por varias ciudades, de esas que uno conoce y en las que quiere vivir, y otras tantas siempre soñó en conocer. Y con la taza de cambio, la cosa no era barata. Por eso yo había descartado la idea. (Además, seamos honestos, que Cami no dio ni un indicio... nada, que me dejara pensar eso).

El viaje iba así: Berlín, Praga, Saarbrücken (donde se casaba mi hermana), Roma, Florencia y París. Y todo transcurrió en relativa calma. Amé Berlín y su gente; me sentí en un cuento de hadas en Praga; mi Hermanita Dany tuvo el matrimonio más hermoso y muy bien organizado del mundo -y sin weeding planner, pero con algo de locura-; Roma nos maravilló con su historia -y sus helados- y volver a Florencia fue algo maravilloso. Yo estuve hace cinco años años ahí sola y es definitivamente la ciudad más romántica del mundo. Me encanta. Cami lo sabía, y claro ahí debía ser el lugar donde me pidiera matrimonio. Punto.

Pero no nos adelantemos.

El miércoles 28 de septiembre en la mañana, teníamos una misión muy importante, y era ir a misa con el Papa Francisco. Teníamos las entradas y el plan era llegar temprano para tener el mejor puesto posible. Cami es realmente fan del Papa, a mi me emociona, pero no tanto como a él. Pero ese día, como si todo fuera una prueba para mi Cami, las cosas salieron casi al revés. Cuando llegamos a la estación del Metro de Roma, le dije "Cami, estás seguro que sabes qué tren y hacia donde cogerlo?" "Sí, ya sé cómo es? "Seguro?" "Si..." Y pues resulta que nos montamos en la línea equivocada, que nunca, oigan, nunca, nos iba a llevar al Vaticano. Cuatro estaciones después me doy cuenta de que estamos en el tren equivocado. Oh!!! La ira me invadió... y le hice el reclamo. "Ahora no vamos a llegar a donde el Papa a tiempo", le dije entre lágrimas. 

Cami tenía mala cara, pero no de molestia, sino como de drama. Me abrazaba y yo lloraba. Nos regresamos (esas dos líneas de metro nos se vuelven a cruzar), corrimos a la línea correcta y sorpresa: ¡Hasta las tetas! Nos tocó dejar pasar el primer tren y le dije a Cami, en este nos vamos porque nos vamos, toca que nos embutirnos. Y al mejor estilo de la estación de Transmilenio de la 100 en hora pico, nos metimos como pudimos. Ahí, luego de ver a Cami con tu tamaño todo espichado, se me bajó un poco la rabia.

Llegamos, corrimos, entramos. Justo a tiempo de que el Papa Móvil hiciera su recorrido. Entonces, Cami logró que quedáramos en un buen puesto. Y sí, el Papa Francisco es un Rockstar y se tiende una gran energía positiva estando ahí. Claro, con toda esa emoción... Se me pasó el empute. Y pues Cami me aguantó la pataleta. Y hoy, viendo en perspectiva... ¿En serio ameritaba? No. Pero gracias al cielo, Cami entiende, me conoce y logra resolver todo siempre. Es que como dicen mis amigas, tiene bastante de Santo.

Salimos de ahí, por las maletas y derecho al tren que nos llevaría a Florencia. ¡La felicidad! Llegamos al hotel, lindo por cierto. El host muy amable, nos organizó de una vez el desayuno del día siguiente, porque madrugábamos al museo y eso nos tomó un poco de tiempo. Teníamos boletas para el Museo de la Academia, para ver el David de Miguel Ángel, pero decía 4 pm y ya íbamos tarde. Y claro me dio la neura. Es que necesito como aprender a controlarla en serio. Estábamos de paseo, seguro no pasaría nada si llegábamos tarde. Y así fue. Cami se estresó por mi culpa, hasta se sentía responsable, sin motivo. Ay Pobre. 

Si hubiera sabido que esa sería la fecha en la que me pediría matrimonio, sería una mejor novia. Lo juro.

Total, llegamos al museo, tarde, pero entramos sin líos. Caminamos por muchas partes de la ciudad y al anochecer llegamos al Ponte Veccio. un sitio no solo icónico, sino muy romántico. Entonces, estando en la mitad del puente, abrazados como mirando al horizonte, un músico comenzó a cantar. Y me dio una emoción, que me salieron unas lagrimitas y le dije a Cami. Esto es muy romántico. Te amo. Por lo menos, después de tanta pataleta.

Segundos después veo que tiene su billetera en la mano. Y lo único que atiné a decir fue: "Tú qué haces con la billetera en la mano?" Así, a modo de regaño... "No nada, mirando que todo esté bien". Claro, tan nervioso y yo poco romántica. 

Luego de eso... pues seguimos caminando, me medí varias chaquetas (para no comprar ninguna) y Cami me dijo que buscáramos un restaurante lindo para cenar. En la Plaza de la República, había varios. Escogimos el menos lleno y luego de yo querer en la terraza y él adentro "porque está más vacío" ganó él con la concesión de hacernos en la ventana. Ahí sentados pedimos vino, entrada, plato fuerte. Y entre una cosa y la otra, yo hablaba de la gente de la plaza, de los vendedores ambulantes, Cami pone el tema...

- ¿Cómo te ves en 50 años?
- Arrugada...
(¿Qué tal lo romántica?)
- No pero no de eso... De nosotros...
- Ah... Bueno, tu sabes Cami que yo ya decidí que tu eres el hombre de mi vida, y pues en 50 años yo espero estar contigo... Bueno, sino me echas antes por pataletoza.
- Obvio no, yo sé que eres así.
- Porque yo también quiero pasar el resto de la vida contigo...

Y saca el anillo, lo pone entre los dos y me pregunta ¿Quieres casarte conmigo?

Y yo comencé a aplaudir, a gritar. No No no!!! no me lo esperaba. Menos mal no estábamos en la terraza llena de gente...

Lo abracé le di un beso...

- Pero no me has respondido...
- Obvio sí!!!!!!

Pero más allá de eso. Lo más importante fue que Cami duró más de la mitad del viaje con el anillo metido entre la billetera. Pensando que las maletas podían perderse o podrían abrirlas para robar... ¿Se imaginan los nervios? La verdad muy especial que haya pasado por los scanneres de 5 aeropuertos, más las dos veces que fuimos al Vaticano nervioso pensando que le hicieran mostrar qué lleva ahí...

La verdad me morí de la ternura de saber que pensó todo, que recordara que amo Florencia, que escogiera el anillo más hermoso y de la talla perfecta... Me morí un poquito más de amor... Y  si me preguntan, si fue como me lo imaginaba... nunca lo había pensado, pero creo que fue más que perfecto! Y sí, me caso... Nos casamos.