18 de noviembre de 2016

Organicemos un... matrimonio

Entonces me propusieron matrimonio. Dije que sí.

Y solo es que pasara eso para entrar en este maremoto de emociones que implica ser la #Bride2Be. La verdad nunca me imaginé que casarse fuera tan emocionante.

Primero, la euforia es colectiva. No solo lloras tu y tu pareja, lágrimas de emoción llegan por todas partes, alaridos, aplausos, risas. Todo el mundo se emociona contigo. Todo el mundo es feliz por ti y tu pareja.

Al instante que Cami me propuso matrimonio hasta Florencia, Italia, llegaron varios mensajes de voz de mis amigas gritando de la emoción. Narrar casi dos meses después la historia y ver los ojos aguados de quien te escucha, porque tu cuento es muy emotivo, me ha parecido toda una revelación... Es decir, cada instante de esto se ha convertido en algo especial. Todo lo que pasa al rededor del matrimonio es increíble. Todo es buena onda en el ambiente.

La propuesta fue fuera de Colombia, ya les dije. Al regresar, tuve muchos almuerzos con todas mis amigas que querían que les contara todo con detalles. Querían ver el anillo y claro saber, cuándo, cómo y dónde... Y fue ahí cuando con Cami nos dimos cuenta que nunca habíamos pensado en cómo sería el matrimonio

La pensada tocó en tiempo récord, y se fue construyendo sobre la marcha, mientras todos los amigos y familiares bombardeaban con preguntas, como si lleváramos 3 meses de comprometidos. Fuimos teniendo varias claridades. Queríamos casarnos en Bogotá, porque a mi el calor me afecta -y no me gusta- y organizar de lejos puede ser complejo. Y de ahí en adelante tocaba pensar en muchas cosas. ¿Orquesta o DJ? ¿Iglesia o hacienda? ¿En la ciudad o a las afueras?

Lo primero fue la lista de invitados. Pesábamos que podría ser más complejo, pero los acuerdos básicos del límite de invitaciones se fueron estableciendo sin dramas. La estimación da 190 invitados, pero con las respectivas bajas que implicará la distancia.

Los padrinos fueron objeto de más debate, y tendremos cuatro. Dos de cada lado. Dos hombres y dos mujeres. Pajecitos, mis sobrinos.

Personalmente tenía un par de ideas adicionales. Quería un vestido sencillo, un cura con respeto por los gays y los divorciados, y casarme en un club. Lo único que se mantiene es el cura, porque el vestido (esto tendrá un capítulo aparte) y el sitio del evento serán distintos a lo planeado inicialmente.

Y las de Cami: lo que importa es el DJ, el trago y el fotógrafo. Con lo cual siempre estuve completamente de acuerdo.

Entonces, conseguimos un Wedding Planner, Sergio Acosta, que organizó el matrimonio de una de nuestras grandes amigas. Adry, y el mismo día que lo contacté me dijo que participara en 'Say yes to the dress' Colombia. Un programa de Discovery Home and Health en el que ayudan a la novia a escoger el vestido. Participé en el casting, grabé el programa y tendré un vestido de Pronovias por menos de la mitad del precio, cosa que nunca imaginé.

Escogimos el sitio, en el sector de La Conejera en Bogotá. Ceremonia en un jardín, fiesta bajo techo. Nada de hacienda colonial. El minimalismo es lo nuestro. Tendremos un tema específico en la decoración.

Fotógrafo, Christian Cardona. Quien gracias al cielo bajó las tarifas, porque amamos su trabajo.

Mary Reyes se ofreció a diseñarnos las tarjetas. Dice que los novios reciban cosas regaladas para la boda da buena suerte.

Y en eso estábamos cuando... en la oficina de Cami le dijeron que debía por seis meses irse a trabajar a Sao Paulo, Brazil. Es decir que entre mediados de Noviembre y Mayo del próximo año, lo tendré una semana conmigo, cada mes y medio. Osea, que toca tener mayor coordinación y un cronograma muy organizado para poder escoger lo que falta: buffete, torta, si tendremos o no damas de honor, la música de la iglesia, la música de la fiesta, confirmación, decoración... y así. Bendito sea el Internet.

Entonces, nos montamos en este bus, y es demasiado emocionante...

Les estaré contando qué más pasa en esta nueva aventura.

Besos a todos.

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