15 de julio de 2020

Un Mea Culpa

Me ganó la indignación y la cagué.

Hoy en mi cuenta de twiter narré una historia de una mujer víctima de abuso, tortura y asesinato. Cuando me contaron quedé de una pieza y me sorprendió que no fuera noticia. Pensé que, como muchos casos fue por el origen humilde de la persona.  Lloré un rato.

Y sin pensarlo mucho, lo postié, no verifiqué, y explotó todo en mi cara. Yo que siempre he sido rigurosa, que he hecho campañas contra fake news, y trato de mantener mi credibilidad al tope, fallé.

Fallé estrepitosamente por no verificar y por confiar en la palabra de una desconocida, hermana de la supuesta víctima, a quien intenté ubicar para tener más información, pero no fue posible. Ahora, con toda la información que he podido recabar gracias al trabajo de los medios, ha sido imposible confirmar la información.

Esta historia la contó una señora de la ruta de la empleada de mi amiga. Afectó a todas las niñeras de la ruta y ahora misteriosamente las bloqueó. ¿Verdad? ¿Mentira? No tengo cómo comprobarlo.

Aún así no me cabe en la cabeza cómo una mujer cuenta esta historia durante días, llora al respecto, da tantos detalles y que resulta que todo puede ser mentira, semejante atrocidad. No lo entiendo, pero eso no excusa mi trino, pero eso fue lo qué pasó.

Mentir sobre casos como estos, denota poca sensibilidad y BURLAN las buenas intensiones de cientos de personas que buscan ayudar, de manera genuina incluso a un desconocido. 

Por eso les pido disculpas: a mis colegas periodistas por haber juzgado su trabajo; a mis seguidores por haber generado una falsa ola de indignación y a todas las familias de víctimas de esta violencia contra la mujer que es pan de cada Día.

Me reconforta saber que hay personas a las que los crímenes en contra de las mujeres les importan. Que los periodistas están prestos a denunciar estos casos. Que las autoridades son diligentes (me llamaron de la Dijin y la Fiscalía para verificar datos).

Esto es una muestra de que hemos  avanzado, hay un sector de la sociedad que no tolera la violencia contra las mujeres. Pero falta mucho. 

El supuesto caso que narré sucede, puede que no hoy, pero pasa, y cualquiera podría ser la víctima. Lo hemos visto. Incluso en este país matan a una mujer de forma violenta día de por medio, el subregistro de denuncias de abuso sexual es del 85% y la impunidad del 90%.

Necesitamos sentirnos protegidas, necesitamos poder salir tranquilas a la calle.

Esto fue una lección para mí. Pero que este error personal mío no haga que se nos olvide que la violencia es inaceptable y que está en nuestras manos no dejar pasar ningún acto de violencia contra la mujer.

Con Cariño,

Naty Marenco

14 de marzo de 2020

Y ahora soy mamá...




Hace tiempos no escribía en este espacio. Y creo que es hora de volver, porque tengo mucho que contar.

He pasado -y puede ser que aún esté pasando- por la época más hormonal de mi vida, pero también, quizás, la más interesante. Esa que pone en riesgo todo tu ser, tu entorno y lo que habías construido, pero también la que te abre la posibilidad al amor infinito.

Hace casi 10 meses nació Emilio, siendo la prueba irrefutable de que los planes tienen la misma posibilidad de cumplirse o de revaluarse.

En mi caso, yo no iba a ser mamá, así como iba a ser reportera y directora de un medio, o así como no iba a casarme -y ya vieron cómo fue-.

Nada está escrito. Por eso Dios se ríe de nuestros planes y soy mamá, estoy felizmente casada con Cami que llegó a tenerme una infinita paciencia y no ejercí como reportera por mucho tiempo.

Y aquí estoy, recogiendo lecciones todos los días, aprendiendo a manejar la ansiedad por el futuro económico y tratando de mantener la calma cuando paso días sin dormir bien por cuenta de Emi.

También estoy feliz, viendo a mi hijo crecer fuerte, sano y feliz. Admirando todos los días a la pareja que escogí que, además, resultó ser un gran padre.

¿Quieren saber cómo fue este viaje? Vendrán muchos posts con los detalles.